miércoles, 23 de junio de 2010

LOS VINCULOS AFECTIVOS y EL GÉNERO

LOS VINCULOS AFECTIVOS y EL GÉNERO

¿Qué es el amor?

Según la psicóloga Pilar Varela, el amor es difícil de definir puesto que “se trata de un sentimiento formado por otros muchos sentimientos”. Debido a esta complejidad cada persona entiende el amor de una manera e incluso para cada persona puede variar a lo largo de la vida. El concepto del amor ha cambiado a lo largo de la historia y actualmente no entendemos esta idea tal y cómo la entendían en la Edad Media. Por ello, aunque el sentimiento del amor sea percibido de forma distinta para cada persona, la forma en la que se expresa y manifiesta está determinada en gran medida por el contexto sociocultural en el que se vive. La antropóloga Helen Fisher, afirma al hablar sobre la India que debido a la proliferación de los matrimonios concertados entre las familias, existe un refrán que dice “Primero nos casamos, y luego nos enamoramos”. Mientras que en culturas más occidentales, actualmente el amor se encuentra ligado inexorablemente a mitos tales como “la media naranja” o “el príncipe azul”. Esta es una buena muestra de la diversidad de manifestaciones y normas culturales que están asignadas a un concepto tan personal como el del amor.

¿Qué son los vínculos afectivos?

Para entender el amor en su complejidad es necesario que hablemos sobre los vínculos afectivos. Todas las personas tenemos la necesidad de estar vinculadas afectivamente a otras personas. Estos vínculos afectivos pueden tener distintas manifestaciones: vínculo de apego (contacto familiar, de pertenencia), vínculo de amistad (relación con las amigas y amigos), vínculo de contacto e intimidad (relación con la pareja), autoestima (el amor a una misma/o). Debido a la naturaleza social de los seres humanos, vincularse de forma afectiva a otras personas se hace necesario, pero la naturaleza del vínculo y sus manifestaciones se pueden moldear, modificar y elegir.

¿Qué es el apego?

Las niñas/os recién nacidos no están equipados para sobrevivir por sí mismos/as sin la ayuda de figuras protectoras que lo alimenten, brinden calor cuando lo necesiten y los auxilien en circunstancias en las que se enferman o se lastiman, afirma Bowlby. Un fuerte lazo afectivo a una figura o figuras específicas que cubran estas necesidades, asegura la supervivencia del bebé y ha permitido, evolutivamente hablando que, nuestra capacidad cerebral sea mayor, puesto que los bebés nacen más inmaduros pero se desarrollan en los primeros años de vida gracias al vínculo establecido con las figuras de apego. Estos primeros vínculos afectivos más adelante se verán acompañados de otros de diferente naturaleza (vínculo de amistad, de intimidad, autoestima). Las personas estamos predispuestas a formar vínculos, la sociedad marca unas pautas para manifestarlos y nosotras/os elegimos a quién, cómo, cuándo y porqué nos vinculamos. De todos los vínculos afectivos, hablaremos más en profundidad del vínculo de contacto e intimidad; el vínculo en las relaciones de pareja; el amor.

¿Aprendemos mujeres y hombres a amar de forma diferente?

En la cultura occidental y debido a una desigual educación por razón de género, para las mujeres, el amor no solo es una experiencia que es posible, sino que es una experiencia que define nuestra identidad. Las mujeres aprenden desde pequeñas su primera lección sobre el amor en la relación con la madre. Esta relación de amor se basa en el cuidado. En nuestra cultura este cuidado esta definido por el patrón tradicional asignado casi siempre a la madre. En esa relación se aprenden los contenidos y los objetivos del amor. Estas necesidades amorosas, así cómo sus reglas, normas y límites, son educadas desde la infancia de forma distinta para mujeres y para hombres. De ese modo, en la edad adulta se establecen vínculos afectivos determinados por papeles diferenciales para hombres y para mujeres.

A los hombres se les educa para que equiparen el amor a la familia. Así asumen que el amor se demuestra cumpliendo las funciones que la sociedad les ha asignado: proveer, proteger y procrear. Se les enseñar que tienen que mantener a su familia (para ello trabajan horas y horas), también tienen que protegerla (de cualquier imprevisto o enemigo: a través de la violencia) y deben procrear, dar hijos/as a la mujer, pero no les enseña la sociedad a vivir la crianza de los hijos/as. Así se educa a los hombres en el concepto del amor. Cuando los hombres “han conseguido” a la mujer (princesa) de sus sueños, intentan cumplir con sus obligaciones y así demuestran el amor que sienten por ellas.

¿Afecta este aprendizaje a las relaciones de pareja?

Sí. Una persona aprende unas normas en relación al amor y cuando tiene la oportunidad de ponerlas en práctica, las utiliza. A las mujeres y a los hombres se nos enseña a amar de forma distinta y eso hace que en las relaciones amorosas nuestros papeles sean diferentes. Ello condiciona el funcionamiento de las relaciones, donde según el papel que adoptemos y cómo entendamos que deben ser las relaciones de pareja formaremos, posiblemente, tres tipos diferentes de vínculos:

- Vínculo desde el YO o el TÚ (aquí impera el mito de la media naranja; sin ti no soy nada). Tú y yo somos uno, y ese “uno” se refiere a que una de las personas que pertenece a ese vínculo se fusiona con la otra persona; no tiene proyectos personales, cambia sus gustos por los de su pareja, sus amistades son las de su pareja. En estas relaciones cuando se produce una ruptura del vínculo, la persona que se fusionó y construyó su identidad personal a la sombra de la otra persona, pierde su identidad. Estos son vínculos donde normalmente hay relaciones de dependencia y donde si el papel de cada uno está determinado por posiciones de superioridad y consecuentemente para la otra persona de inferioridad, se habrá instaurado una relación de poder. Esta es la concepción tradicional y machista de las relaciones de pareja, donde se enseña al varón a ser superior a la mujer y a formar su identidad personal entorno a ámbitos muy diversos (trabajo, amistades, hobbies,..) y, a la mujer a ser dependiente, sumisa y a formar su identidad personal alrededor de conceptos tales como la familia, las hijas/os, el cuidado,…

YO ó TÚ








- Vínculo YO y TÚ, relación sin proyecto común, no hay intimidad emocional. En este tipo de vínculos, cada persona que lo forma tiene su “propia vida” y no se comparten proyectos, esto propicia una total autonomía de las personas que lo componen pero no enriquece a las mismas, ya que ni una ni otra aporta nada a la relación.

Estos dos tipos de vínculos son poco sanos. El primero, porque propicia relaciones desiguales de poder y de dependencia y el segundo porque, el vínculo no se enriquece con las aportaciones personales de quienes lo forman en un espacio común de la relación.

YO TÚ


- Existe un tercer tipo de vínculo, TÚ, YO y NOSOTROS/AS, donde el pilar es una relación de igualdad, que propicia la individualidad de cada componente del vínculo afectivo (el otro/a es distinto de mí). Como consecuencia de ello fomenta la creación de espacios personales y el reconocimiento de las necesidades propias así cómo un intercambio flexible de roles. Éste vínculo desarrolla a su vez un espacio común NOSOTROS/AS (La pareja) donde se ponen en marcha proyectos comunes, dinámicos, compartidos. De esta forma se mantiene la intimidad y la comunicación entre los componentes del vínculo así cómo el respeto por la individualidad y el desarrollo personal. Éste es el vínculo más sano de los tres y el que permite cuestionar la validez de la socialización determinista de género (dónde se enseña a las mujeres y a los hombres patrones rígidos y desiguales en la manifestación del amor). Estas relaciones son una alternativa a los vínculos tradicionales, permitiendo así un desarrollo sano de las personas que se vinculan de esta forma.


YO TÚ


NOSOTROS/AS




Bibliografía

- ¿Amar o Depender? Walter Riso. Granica. 2005.
- Amor puro y duro. Pilar Varela. La esfera de los Libros. 2004.
- Claves feministas para la negociación en el amor. Marcela Lagarde. Puntos de Encuentro. 2001.
- El apego. John Bowlby. Ediciones Paidós Ibérica. 1998.
- Por qué amamos. Helen Fisher. Punto de Lectura. 2005.
- Todo (no) terminó. Silvia Salinas. Integral. 2004.

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